ENTREVISTA A HUMBERTO MATURANA (YARIDEM Y ANAMARY)

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ENTREVISTA A HUMBERTO MATURANA (YARIDEM Y ANAMARY)

Mensaje  Yaridem C. Mendoza el Vie Mar 23, 2012 7:52 am




Universidad Centroccidental
”Lisandro Alvarado”
Universidad Nacional Experimental Politécnica Antonio José de Sucre
Universidad Pedagógica
Experimental Libertador
REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
PROGRAMA INTERINSTITUCIONAL DE DOCTORADO EN EDUCACIÓN
20/20

Entrevista a Humberto Maturana en "La belleza del pensar"
(Síntesis Crítica Interpretativa)

Participantes: Medoza Yaridem
Miquelena Anamary

La entrevista realizada a Humberto Maturana en el programa “La Belleza de Pensar” abre con la interpretación del cuadro: el “Cristo Coronado de Espinas” de Jerome Van; obra que tras la mirada de este biólogo da a conocer la existencia de cuatro enajenaciones o tentaciones en la cuales los seres humanos tendemos caer cuando a conocimiento y saber se refiere. Se destaca como primera tentación la certidumbre, la cual no es más que nuestra propia convicción sobre la manera como percibimos la realidad.
Las otras figuras que componen el cuadro representan la tentación de la vanidad en el hombre, por otra parte la tentación de la envidia refleja la codicia, el egoísmo y deseo por lo que el otro posee y por último está la tentación del sentimiento, como seres emocionales somos movidos por nuestro sentimientos, los que en su gran mayoría nos producen ceguera ante lo real, conduciéndonos a dar apreciaciones mas no constructos de la realidad en sí misma.
Estas enajenaciones o tentaciones denominadas por Maturana permean el mundo de certidumbre en el cual estamos insertos, en cierto modo las personas -en especial el científico- están convencidos de la solidez conceptual, perceptual e indisputada de la certidumbre (supuesta verdad) que “constituye” nuestro mundo. El acto de observar nos lleva a percibir todo aquello que nos acompaña y se entorna en nosotros; es nuestra capacidad de pensar la que nos ayuda a construir y reconstruir aquello que nos rodea (realidad), pero esta capacidad de pensamiento no se desprende de la emoción.
El pensamiento abre las puertas a la representación de nuestro mundo y da sentido al conocimiento, entre tanto estamos conscientes de nuestra forma de pensar, podremos desprendernos de las certidumbres que nos atan, soltarlas… y de esta manera desapegarnos de las visiones y proposiciones teóricas que la comunidad científica ha establecido para así alcanzar nuevos conocimientos.
En relación con lo expuesto se evidencia en la postura de Maturana una conexión filosófica con el pensamiento de Nietzsche, basado en la síntesis del relato “Así hablaba Zaratustra” en la que se destaca la Metamorfosis del Espíritu, señala las interrogantes que se hacen los distintos espíritus (camello, león y niño). Este último representa para Maturana un primer movimiento o punto de partida, podemos decir que concibe al espíritu niño como un ser abierto a la reflexión, no contaminado, mucho menos comprometido con ninguna teoría o ideología.
Esta necesidad que tiene el hombre por conocer, a nuestro modo de ver se remonta y/o tiene su origen en el momento en que Adán y Eva caen en la tentación de la serpiente y toman sin permiso el fruto (manzana) del árbol de la sabiduría, esta sed de conocimientos es la que nos lleva a querer saber y saber más para tener siempre la razón o el poder.
Nuestro juicio o postura está en gran parte cargado de subjetividad, sin embargo, reflexionar sobre el mundo requiere de objetividad pero en este caso de una objetividad entre paréntesis ( ); según lo expresa Maturana, ésta es la que nos permite como sujetos reconocer que mis certezas o verdades no obligan al otro asumirlas sino que respeta sus posturas como un legítimo otro, sin embargo si nos empeñamos en mirar el mundo bajo una objetividad sin paréntesis persistiremos en la agresión de imponer al otro las certezas por las cuales nos regimos individualmente. Reflexionar sobre los hechos u objetos bajo una objetividad entre paréntesis implica el apego al acto de meditar (reflexionar) el cual, nos ayudará a distinguir sobre aquello que sabemos y conocemos.
Maturana marca claramente la diferencia entre saber y conocer, expresa: -“el saber ser rige por la emoción”, el solo querer saber, impide el acto de reflexionar, por lo tanto, y según palabras del autor “la certidumbre niega la reflexión” La reflexión es un proceso por el cual nos permitimos saber cómo conocemos, es sin duda alguna dar una mirada hacia nosotros mismo, cuestionarnos los fundamentos que nos hacen afirmar sobre la certeza de lo que decimos que sabemos y descubrir las capacidad de mirar las cosas a través de un lente o filtro que permita remover toda proposición teórica a la que permanecemos anclados. El acto de la reflexión implica el hacernos preguntas al pensamiento ya que este último es el que nos permite hacer representación de lo real que le da sentido al conocimiento por lo tanto es importante diferenciar entre lo que se conoce, se cree conocer y lo que se sabe.
Por otra parte, el conocer sugiere el establecer una relación entre los elementos que nos da la realidad lo que a su vez nos orienta a entender lo que ocurre, comprenderlo y como último efecto interpretarlo. En este mismo orden de ideas, Maturana afirma que no se conoce nada que parte de la construcción del sujeto, el sujeto con su estructura y organización reconoce lo que él observa y por tanto su conocimiento es una convivencia entre su sistema y sus relaciones con el medio, es decir, su espacio relacional y sus correlaciones internas.
En tal sentido, afirma que el problema de dar explicaciones teóricas sobre conocimiento humano, es que estas no reconocen la naturaleza circular o tautología cognoscitiva, en otras palabras, el universo de conocimiento, de experiencias, de percepciones del ser humano, no son posibles explicarlos desde una perspectiva separada del mismo. El conocimiento humano solo se puede conocer desde sí mismo por lo tanto, el contenido del conocimiento es el conocimiento mismo.
Por otra parte en su disertación sostiene no tener desconfianza a reflexionar desde la filosofía, y manifiesta usarla de la misma manera que emplea la reflexión científica. Por consiguiente enuncia dos tipos de teoría que se desarrollan como el constructo explicativo que se propone el investigador: la teoría científica se genera desde la experiencia, mientras que la teoría filosófica sostiene la estructura y principios de la realidad, es decir, el investigador requiere del desprendimiento de sus certezas para poder cuestionar los principios que desde la experimentación de su realidad no le dejan reflexionar sobre la misma.
Actualmente se demanda un sujeto crítico y reflexivo en la investigación el cual refleje en su discurso coherencia y creatividad, con el propósito de ir más allá de lo que podemos, percibir con los sentidos y/o registrar con las evidencias que los hechos arrojan, un sujeto que asume distanciarse de sus certezas y ejercitar la reflexión, uno que ve la realidad desde múltiples perspectivas y no de forma lineal, aquel, que desde su emocionar acepta el reto de partir de lo incierto para edificar verdades.

Yaridem C. Mendoza

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