EL HUMANISMO DEMOCRÁTICO Y LA EDUCACIÓN. LUIS BELTRÁN PRIETO FIGUEROA

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EL HUMANISMO DEMOCRÁTICO Y LA EDUCACIÓN. LUIS BELTRÁN PRIETO FIGUEROA

Mensaje  Wueider Galindez el Mar Mar 20, 2012 7:27 pm

REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
PROGRAMA INTERINSTITUCIONAL DOCTORADO EN EDUCACIÓN




Autor:
Wueider Galíndez

Barquisimeto, Marzo de 2012



Los fundamentos expresados en el libro “Humanismo Democrático y Educación” dan cimiento a una educación que realza los valores de libertad y democracia con pertinencia y arraigo social al pueblo que le da vida en su hacer. El autor de esta maravillosa obra, el ilustre maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, dio forma a esta tesis partiendo de una conferencia dictada el 5 de Mayo de 1957 en la Universidad de Costa Rica, desde donde dejó una huella indeleble hacia la construcción de un sistema educativo propio de un país progresista, que incluya a todo el conglomerado sin distingo de credo, raza, religión o posición política y económica.

En su obra, el escritor parte del término “Humanismo” y expone de manera magistral los diversos sentidos y significaciones que éste ha tenido con el transcurrir de los hechos en la historia del hombre. Así expresa que el humanismo arranca en la antigüedad clásica, cinco siglos antes de la era cristiana con los sofistas en su rol de educadores para una pequeña minoría y realce de los valores humanos en la sociedad existente para la época.

Con los sofistas, -expone el maestro- se inicia una etapa de gran importancia en el desarrollo del humanismo, al cual define Werner Jaeger, en su obra la Paideia, como la idea de la “formación humana” que se emparenta con la llamada educación general humana, que tiene en Grecia también su origen. No obstante, es en la filosofía donde se conoce al humanismo como un movimiento promovido por el Renacimiento, dirigido a elevar la dignidad del espíritu humano, valorizándolo, mediante el aporte cultural suministrado por la Edad Media, la escolástica, la cultura moderna y la antigua.

Durante el Renacimiento, el humanismo fue un movimiento propugnado por la burguesía que ascendía como clase contra el clero y la nobleza, quienes controlaban el poder y mantenían los principios religiosos con los cuales tendían a justificar las influencias que ejercían en la sociedad. Por tal razón, el humanismo aparecía en ese momento, como un movimiento anticristiano, aunque tuvo entre sus sendas a destacados sacerdotes como Erasmo de Rotterdam, a quien se le atribuyen críticas sobre las prácticas religiosas de la época.

Desde esta óptica, el hombre humanista del Renacimiento no era el hombre común y corriente que sufre y trabaja, que produce la riqueza que unos pocos consumen o dilapidan, sino el de las “élites” poseedoras de la riqueza y del poder, la de los sabios que se prosternan para recibir favores de los poderosos. Según Prieto Figueroa, puede decirse que la fidelidad de los humanistas a los señores que les pagaban su ocio, contribuyó en su tiempo a mantener al pueblo en ignorancia, que era causa de la sumisión de éste.

Reseña el insigne venezolano, que en su documentado libro “La Cultura del Renacimiento en Italia”, el gran investigador alemán Jacobo Burckhardt sostiene que el reproche más grave que cabe hacer al medio intelectual del Renacimiento es el de su falta de arraigo popular, ya que desde ese momento se produce necesariamente en toda Europa una escisión entre el hombre culto y el ignorante. Sin embargo, el movimiento humanista con todas sus fallas y alejamiento del sentimiento popular, con la propensión que determinó a considerar la cultura como manjar para el paladar de los elegidos, introdujo nuevos valores espirituales, creó cierto don de fineza y promovió el estudio de cuestiones que antes estuvieron reservadas a los monasterios.

El humanismo renacentista, llamado con mayor propiedad humanismo burgués en la terminología filosófica moderna, tiene que ser reconocido como un gran movimiento espiritual, que no pudo tener otro sentido que el de su época, ni jugar otro papel que el aconsejado por la situación imperante. Empero, hay que reconocer que este humanismo infligió una derrota al feudalismo, se impuso a príncipes, prelados y grandes señores de los castillos.

No queda duda que el término humanismo se llena en cada época de nuevos contenidos. Con este movimiento intelectual durante el Renacimiento, se inicia una verdadera exaltación del espíritu y cobran puesto distinguido los valores racionales, al apuntar hacia una decidida actitud frente al hombre (Antropocentrismo) y no en Dios o sus revelaciones (Teocentrismo). Es por ello que, cada movimiento filosófico le agrega o quita algo y le utiliza en la forma en que mejor cuadra para explicar sus preocupaciones por el hombre.

Sostiene Prieto Figueroa, que en la teoría educativa el humanismo ha jugado un papel fundamental y preponderante. Por ello, cuando el humanismo, nacido entre los primeros maestros sistemáticos griegos -los sofistas- se traslada al Renacimiento, no sólo llevaba impreso el sello de un sistema de educación de clases, de los caudillos y dirigentes, que siguió ostentando, sino que acentuó más estos caracteres, hasta el punto de convertirse en un sistema organizado para la exaltación del orgullo de clase.

Aunque al humanismo se le pudiera imputar el apartarse de la vida, para hacerse esencialmente libresco y formalista, también es cierto que en sus inicios se enfrentó al escolasticismo, que era un hacer pedagógico vacío de contenido, excesivamente metodológico, que se quedaba en la mera forma. Posteriormente asumió líneas de estudio en la Literatura, Arqueología y Arte, con lo que las humanidades llenaron un amplio ciclo de la historia de la educación. Sin embargo, argumenta el insigne maestro, que con el transcurrir de los años, al adiestramiento formal, implícito en el estudio de las humanidades, se opuso la educación vocacional, que en su forma más grosera tiende al profesionalismo y eficiencia.

Si la posición “profesional” se mantiene, entonces el fin sería hacer artesanos hábiles, pero desprovistos de toda otra forma de cultura. La especialización exagerada en el adiestramiento educacional conduciría a la misma pérdida de la cultura general y cada hombre de ciencia y estudiante, se vería obligado a circunscribirse a su radio de acción. Esta actitud es una reacción contra el intelectualismo de las humanidades, generada también por el progreso industrial, para la cual la división del trabajo no se reduce solamente a una modalidad impuesta por las necesidades de la industria, sino que también es una forma de utilización al máximum de la actividad del hombre para obtener ganancias excesivas.

El distinguido pedagogo al defender las bases del “Humanismo Democrático” se apoya en los planteamientos del filósofo alemán Keyserling, quien en su obra “el Mundo que Nace” llamó a la sociedad que realza el profesionalismo por encima de los valores humanos, la “Civilización del Chofer”. Porque el chofer absorbido por la máquina, ni mira el paisaje, ni se detiene a considerar las preocupaciones del peatón, que llega a convertirse en un estorbo en la ruta, dando el afán de velocidad atropellada.

También defiende la tesis de Ortega y Gasset, al esgrimir que las circunstancias anteriores pueden originar una cultura deshumanizada, promovida por la especialización, que llega a quejarse del exceso de fuerza adquirido por el hombre-masa. Esto también, genera un hombre falto de fineza frente a los valores del arte, preocupado sólo por lo que para él produce cierto eufórico estado de ánimo que lo identifica con la barbarie y la máquina por encima del sentido humano.

En contraposición al carácter de especialización e industrialización de la educación para la sociedad, el maestro presenta al “Humanismo Democrático” como una forma amplia para desarrollar las virtudes del hombre, colocándolo en su medio y en su tiempo, al servicio de los grandes ideales colectivos y concentrado en su tarea para acrecentar y defender valores que, si fueran destruidos pondrían en peligro su propia seguridad. Por ello, en el Proyecto de Ley Orgánica de Educación Nacional, sancionado por el Congreso venezolano en 1948, se tuvo en cuenta un humanismo para las masas.

En Venezuela hasta entonces, la educación había tenido un fuerte carácter de educación de castas. Estuvo circunscrita a reducidos núcleos humanos con poder y riquezas económicas y por lo tanto, se tenía una inmensa masa analfabeta que representaba el 59% de la población mayor de 15 años. Se tenía una educación gratuita y obligatoria en todos sus grados, pero sin poder ser obligatoria porque no existía el número de escuelas requeridas; y tampoco gratuita, porque para educarse el pueblo tenía que hacer grandes esfuerzos y sacrificios agotadores.

El luchador célebre mantenía la posición de luchar por una Ley de Educación amparada en los postulados del “Humanismo Democrático”. Así sostenía la necesidad de formar al hombre en la plenitud de sus atributos físicos y morales, ubicado perfectamente en su medio y en su tiempo como factor positivo del trabajo de la comunidad. De ahí que sin perjuicio de la especialización técnica que demanda la división del trabajo social, la educación pública en todos los grados y formas de sus tres ciclos tiene que preparar el espíritu de las nuevas generaciones para que sean capaces de integrase en la cultura de la época.

El “Humanismo Democrático” significa capacitación moral del ciudadano para la práctica de las instituciones libres. Se enraíza en tres fundamentos básicos que debe cumplir el sistema educativo venezolano: (1) formación del hombre en la plenitud de sus atributos físicos y morales, ubicado perfectamente como factor positivo del trabajo de la comunidad. (2) capacitación para la defensa del sistema democrático dentro del cual tienen vigencia y son garantizados los derechos civiles y políticos esenciales de la personalidad humana. (3) capacitación para el trabajo productor mediante el dominio de las técnicas reclamadas por el desarrollo técnico de la época.

Los fundamentos señalados anteriormente, dejan atrás la formación del hombre bajo el humanismo burgués, desvinculado de su medio y de su época, con la mirada fija hacia el pasado, lleno de teorías, de principios sin aplicación a la vida cotidiana y la producción de técnicos deshumanizados. Busca dar el paso hacia una educación con pertinencia social que encamine al pueblo a “constantes estímulos de superación”, tanto por el conocimiento de los propios valores como por el contacto con las creaciones ejemplares del espíritu humano.

Si bien es cierto que al humanismo clásico o burgués se le objeta, con razón, su excesivo cultivo de aptitudes meramente literarias, de una capacidad intelectual, sin vinculación con los medios indispensables para transformar la realidad y ponerla al servicio del hombre, hoy no es menos cierto que tampoco puede formarse integralmente a un hombre para la vida de relación, con sólo habilitarlo en una técnica. La técnica se comprende mejor cuando se tiene cierto número de nociones generales que sirven a modo de interpretación del hacer; lo importante y lo difícil es establecer el justo equilibrio requerido para que la educación del hombre no degenere en un puro hacer sin sentido.

Como puede desprenderse del discurso escrito hasta ahora, los postulados del “Humanismo Democrático” de Prieto Figueroa hacen énfasis en una educación popular y democrática, la escuela unificada y la vinculación de esta última con la comunidad. Por ello, en materia docente y consecuente con el principio de la escuela unificada, este ilustre maestro reitera que ella llevará a un sistema unificado de formación docente. Por esta razón, el insigne pedagogo venezolano, defendió la tesis, como ya se ha mencionado, de formar al hombre en la plenitud de sus atributos físicos y morales, ubicado perfectamente en su medio y en su tiempo como factor positivo del trabajo de la comunidad.

Como pilares fundamentales en los planteamientos filosóficos del humanismo democrático pueden destacarse: (a) el principio de neutralidad ideológica de la educación respecto a los partidos, pero no a los postulados de la democracia, (b) fomentar un fin prospectivo cuando el docente logre anticipar los problemas de su entorno, y (c) el concepto de integralidad y escuela unificada. Estos elementos se constituirían en el engranaje perfecto de un sistema educativo con carácter de inclusión, pertinencia social e integralidad al permitir interrelacionar la escuela con la comunidad.

Desde el escenario citado anteriormente y bajo el soporte del “Humanismo Democrático”, el Proyecto de Ley Orgánica de Educación de 1948, enunciaba en primer lugar que la educación tiene que ser sin duda, neutral frente a las luchas de los partidos, realzando un pensamiento pluralista, abierto y diverso. Es necesario desde este horizonte, mantener las líneas abiertas hacia un sistema de inclusión, donde exista cabida para todos, aun cuando se difiera en pensamiento y acciones.

En segundo lugar, promover un fin prospectivo de la educación con la responsabilidad de acercar el futuro al presente. Todo docente tiene que con¬vertirse en un líder prospectivo para que pueda anticipar los problemas y asuma el cambio como una necesidad perentoria del sistema educativo. La educación es funda-mentalmente dinámica, y por eso debe estar dispuesta al cambio permanente. Una educación prospectiva, en donde se propicie una formación para la comprensión del mundo actual y el de¬sarrollo de una conciencia crítica en la formación docente.

Y en tercer lugar; los fines del “Humanismo Democrático” apuntan ha¬cia el principio de integralidad. Este postulado no solamente proponía una función administrativa de unificación de los diferentes subsistemas de educación, sino también una formación integral tan necesaria para la nación. Es menester, formar hombres íntegramente capacitados para el desempeño útil dentro de la sociedad. Por ello, además del aprendizaje de lectura y escritura, un ciudadano debía cultivar cualidades de una persona humana sensible a las necesidades ajenas, con plena consciencia de sus deberes y derechos incluso al ejercerlos, capaz de integrarse conscientemente con su medio para transformarlo o para mejorarlo.

Ciertamente este destacado venezolano, ha legado a nuestra educación todo un acervo teórico y filosófico que nos hace pensar, en una mejor sociedad amparada en un sistema educativo, que realce los valores del pueblo y busque la perfecta armonía entre sistema productivo en y para la colectividad y los postulados hacia una conciencia crítica y reflexiva en el mundo que nos rodea. Por tal motivo, cuando concluye su obra expresa tres significativas conclusiones que invitan a una eterna reflexión.

Primero, el término humanismo que arranca en la antigüedad clásica con los sofistas, se llena de nuevos contenidos en el Renacimiento y más aún en la edad moderna. No obstante ha de reconocerse, que es el hombre quien sigue siendo objeto fundamental de las preocupaciones de la educación y en lugar de referirse a la educación de las “élites”, -para cuando se escribe esta obra- alcanza un sentido democrático.

Segundo, puede hablarse de un “Humanismo Democrático” que tiende a poner los bienes de la cultura al servicio de la totalidad. Pero ese ideal no puede llevarse a la práctica, sino mediante una política democrática, en un Estado democrático, con una economía regida por normas que la pongan al servicio de los intereses colectivos, sin menoscabo de los integrantes genuinos de la sociedad venezolana.
Tercero, para hacer popular la cultura se precisa un sistema popular de gobierno y un sistema de economía donde los grandes intereses no ahoguen la libertad del hombre, consumiéndolo en la miseria y la inseguridad. Donde los elementos de la técnica estén organizados para servir a los intereses del hombre común y corriente, que así podrá disfrutar de mejores niveles de vida, dentro de una organización cultural y social adecuada al cumplimiento de un destino superior.

Concluye el maestro: “porque las cosas, la economía y la máquina, adquieren valor sólo cuando están destinadas a servir a las necesidades del hombre y de su comunidad”. Estas conclusiones las refrenda en uno de sus más célebres pensamientos para el año de 1957: “Si la educación es un proceso social que emerge de la raíz de cada pueblo, su estructura y orientación debe ser dada por las aspiraciones y por los ideales del pueblo donde crece y se arraiga”.



REFERENCIA

Prieto Figueroa, L.B. (1959) El Humanismo Democrático y la Educación. Editorial Las Novedades: Caracas-Venezuela
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